Secretos de belleza milenarios

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Al ver la fotografía seguro que lo primero que se nos viene a la cabeza es la imagen de Cleopatra bañándose en leche de burra ¿he acertado?. En el post de hoy, vamos  a tratar las diferentes “pequeñas torturas” que tenía que realizar una mujer para mantenerse bella y cumplir a raja tabla con el canon de belleza de la época.

Ya que, he comenzado con Cleopatra, continuaré con algunos mitos que la rodean todavía a día de hoy. Se dice que fue ella la que  promovió el uso del aloe vera,  se ungía la piel en este gel y también se bañaba en éste. Como muchos sabréis el aloe vera es una planta del desierto muy codiciaba que tiene  la capacidad de restaurar  la humedad en la piel. De hecho tiene más de 200 compuestos que promueven una piel más joven y luminosa. Hasta yo estoy tratando de hacerme con una.

Otras historias que la rodean son más difíciles de creer, para combatir el acné se lavaba la cara con jugo de puerro al que añadía leche de cabra y azúcar. Y, para mí lo más inverosímil, es que sus criadas le ponían trozos de carne en la cara, para que conservara su frescura, y nosotras quejándonos de las mascarillas de chocolate…………nada que ver!

Pero Cleopatra no era la única mujer a quién le gustaba presumir, las romanas se ponían mascarillas a base de harina antes de acostarse y al amanecer las retiraban con leche.

Y que me decís de la hora del baño, pues para romanos y griegos la cosa no era tan cómoda como nuestros placenteros baños con espuma. Ellos empleaban una esponja empapada en sustancias abrasivas como la raíz de la saponaria, la sosa, o la ceniza de haya. Claro que también había otra opción aplicarse directamente la piedra pómez. Como la piel les debía quedar hecha un cristo después de tanto frotar, no les quedaba más remedio que aplicarse  aceites para evitar la resecación y las grietas de la piel.

Y  el tinte? Sí ellas también se tapaban las canas, para ello hacían una mezcla de cenizas y grasa animal. A ver quien se queja ahora del olor del amoniaco.  Y que me decís de las modas de los tintes, si un color causo sensación entre las romanas de clase alta fue el rubio, claro querían verse como las bárbaras de Germania que por aquella época triunfaban entre los romanos. Vamos como cuando las suecas vinieron a España en los 60. Para ello, se aplicaba azafrán, o grasa de cabra y cenizas de haya.

Aunque la que no quisiera teñirse tenía la opción de las pelucas, que por aquella época debían causar furor, ya que,  Mesalina, la esposa del emperador Claudio, llegó a coleccionar más de 700. Y como consideraban la calvicie masculina como un defecto, ellos la disimulaban peinando el cabello hacia delante, con postizos, pelucas o aplicando ungüentos.

Ahora para mí lo más sorprendente son las técnicas de depilación de entonces, si hubieran tenido el láser de aquella la que se hubieran ahorrado. Para la depilación, aparte de utilizar la navaja de (sílex, cobre o hierro), utilizaban métodos tan suplicios como, la llama de una vela, aplicaban ceniza caliente o ceras hechas con sangre de animal, resinas, y minerales, éstos últimos, derivados del cobre que obtenían de minas como las del sur de la península Ibérica. Aunque también las había las que utilizaban la  piedra pómez y las pinzas. Y  lo que más  me ha llamado la atención es que tenían un producto similar a nuestras cremas depilatorias actuales, era un  producto importado y se elaboraba con  una mezcla de vinagre y tierra de Chipre.

Esta claro, que después de este post no volveré a quejarme de los rituales de belleza actúales.

A. de la Peña

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