Una “Mary Sue” en Troya por obra de Marion Zimmer Bradley

Hace tiempo, mucho tiempo, leí “Las brumas de Avalon“, por Marion Zimmer Bradley, y me encantó. Hace apenas dos o tres días que acabé “La antorcha”, de la misma autora y, bueno, las fases por las que he pasado son las siguientes:

images

 

1) ¡Qué buena pinta está cogiendo esta historia!

2) ¡Qué largo se me está haciendo!

3) ¡Uff intenta acabarlo!

4) ¡Qué tiempo tan valioso de mi vida he perdido!


(Contiene spoilers)

Si puede achacarse a este libro un adjetivo amable, ese es el de interesante. Con todo lo que conlleva decir que algo es interesante… ejem… No me atrevo a echarle toda la culpa a la autora cuando me refiero a la pobreza narrativa, a la repetición de vocablos, expresiones y demás, porque, las cosas como son, a veces una mala traducción arruina la mejor de las obras ¡pero no es totalmente el caso porque el hilo narrativo también… uff se las trae!

Quien quiera acercarse a la tragedia troyana a través de este libro, que se olvide, porque va a acabar con ideas y datos equivocados, revoloteando en su cabeza. En su día tuve que leer la Iliada y también vi la película, aceptable aunque no magnífica, que protagonizan Brad Pitt, Eric Bana y Orlando Bloom. Cuando leía el libro de Marion, más de una vez me preguntaba ¿¿ PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁ DICIENDO?? ¿¿ DE DONDE NARICES SACA ESTO??. Y es que al final del libro, en un epílogo, la autora se dirige por fin al lector y le dice algo así como “oye, que ya sé que esto es casi todo fruto de mi fantasía, pero es que si quieres leer algo fidedigno, pues te lees la Iliada u otra cosa, porque yo he hecho lo que me ha dado la gana y me quedo tan ancha, que para algo soy novelista y recurro a la ficción tanto como me da la gana”. Muy bien, Marion, muy bien, pillo tu punto, pero ¡¡podrías haberlo puesto en la introducción y no en el epílogo ¿no?!!

Esta señora, con su acérrimo feminismo y su afán por despertar a las divinidades femeninas, parece subyugar todo cuanto hace a una especie de misión mesiánica por devolver a la humanidad y especialmente a las mujeres, a un estado anterior (que me temo que tal como ella lo entiende nunca ha existido) en el que las mujeres gobernaban la tierra, el cielo y la vida en general.

Otro aspecto que trata, el del destino y la voluntad de los dioses, hubiese dado mucho juego, pero lo trata de tal manera que resulta difícil para los lectores de hoy en día comprender el comportamiento de los personajes involucrados en las historias. No hace falta mentir, sólo despertar la empatía y la comprensión en el lector ¿cómo puede entenderse/explicarse que alguien que conoce el futuro no intente huir de él? ¿cómo se puede reflejar el fatalismo vital de quien se enfrenta a tal situación?. En esto debió centrarse más la autora y no tanto en lo magnífica que es su alter-ego femenina, Casandra de Troya, sacerdotisa de la Madre Serpiente y del dios Apolo.

Si hay que reconocer puntos a favor de "La antorcha", uno de ellos es el haber rescatado estas figuras que debieron cumplir un papel importantisimo en la antigüedad.

Si hay que reconocer puntos a favor de “La antorcha”, uno de ellos es el haber empleado las figuras de las diosas o sacerdotisas de serpientes, que debieron cumplir un papel importantisimo en la antigüedad.

En su libro, consigue que Aquiles sea un loco desquiciado y psicópata, que Paris sea un desagradable egoísta, que Héctor sea un bruto con inclinaciones kamicaces, que Eneas sea un paga-fantas, que Príamo sea un déspota amargado, y en fin, que todos los hombres aparezcan en algún momento u otro como auténticos gilipollas. La figura más triste de todas ellas es la de un tal Crises, un sacerdote de Apolo cuya única misión es acosar sexualmente a la protagonista del libro cada dos por tres ¿¿??

Las mujeres, por lo general, tampoco quedan bien paradas, pero no por defectos de su comportamiento o carácter personal, sino en cuánto se relacionan con hombres y se someten a ellos. También existe un rechazo al enamoramiento. La autora parece sugerir que especialmente las mujeres renuncian a quienes son cuando se casan (se unen a un hombre institucionalmente) y cuando se enamoran (se unen a un hombre sentimentalmente). ¿No es todo demasiado simple?

Las únicas que salen siempre bien paradas son las amazonas y todas aquellas mujeres que deciden prescindir de hombres, como la reina Imandra, aunque cuando se hace con un joven consorte parece que ha perdido fuelle. Clitemnestra aparece al final del libro y la autora se ventila en pocas páginas una historia que prometía más que todo lo que había contado hasta el momento, sin profundizar en un personaje tan interesante y olvidado como ella, casi siempre eclipsada por su melliza Helena de Troya.

Marion, hace de la protagonista de su novela, de Casandra de Troya, su Mary Sue particular, esa especie de alter-ego rancio, que va acaparando más y más la atención, desatendiendo otras tramas que parecían mucho más interesantes.

No sé por qué Casandra de Troya ha merecido tanta atención por parte de ciertas autoras, tal vez sea precisamente porque se sabe poco de ella y esto da alas a algunas escritoras para crear su Mary Sue de la Edad del Bronce.

Así que se trata en resumidas cuentas de tomar una gran historia como excusa para seguir los andares y avatares de una protagonista cada vez más insoportable.

Para mi, lo peor, ha sido el final. Quien llegue a ello sabrá por qué lo digo.

Así y todo, animo a todo el mundo a saber sobre la antigüedad griega porque sus arquetipos e historias se han ido repitiendo a lo largo de los siglos y aún hoy resultan increíbles y actuales. Pero con buenas obras, por favor.

el-mito-de-casandra

L. Álvarez

 

Anuncios