Crónica de una abdicación anunciada

En las últimas semanas se ha hablado mucho acerca del estado de salud del rey de España y que decir tiene, que muchos esperan ansiosos un cambio de aires en la monarquía borbónica. El problema central es decidir cuál es el mejor momento para una abdicación de estas magnitudes. Tenemos dos ejemplos muy cercanos en el tiempo: Bélgica y Holanda. Me detengo en este punto para buscar ciertas similitudes que nos lleven a entender mejor este proceso, que a priori no es tan sencillo. La de Bélgica se centro en fechas estratégicas: un mes después del cumpleaños del rey Alberto, el anuncio de la abdicación el día de la fiesta nacional y sobre todo, el verano. Es precisamente durante este periodo donde menos se desarrolla actividad política. Concretando el  momento es el deseable porque no hay actividad, ni agitación política, ni tampoco hay próximas unas elecciones. Una etapa en la que es posible un “traspaso de poderes sin riesgo alguno para la institución”.

Pero el transfondo verdadero es una supuesta hija natural…….de no ser así hubiera abdicado? En mi opinión sí, existe ya una tradición (por así decirlo) en este tipo de decisión, ya que, el rey Balduino recibió también el trono a través de la abdicación de su padre Leopoldo III.

En Holanda también se tomo está decisión por ser el momento político idóneo y tranquilo, evitando de este modo la sensación de un largo periodo que de paso a una transición – sucesión como se espera que suceda en países como Reino Unido, Dinamarca o España.

Es característico de estos jóvenes países tomar estas decisiones, en vez, de esperar la muerte del monarca que podría suceder en momentos de agitación política y, en consecuencia, contrario a la monarquía. Está claro que la monarquía debe protegerse así misma o no sobrevivirá.

Al margen de estos ejemplos y sin olvidar también la abdicación del emir de Qatar, Hamad bin Jalifa al Thani, a su hijo, el jeque Tamim, de 33 años, vamos analizar el caso español.

En estos países existe un sentimiento monárquico unido al concepto de nación, algo parecido al de los países nórdicos pero no tan profundo. En España el problema se centra en que la dinastía original no es la borbónica y que desde su implantación no ha tenido éxito, ya que se expulso a Isabel II y Alfonso XIII.

Hasta que punto tenemos afinidad a Don Juan Carlos por su espectacular intervención en el intento de golpe del 23F………..la realidad, es que mucho ha llovido desde entonces y las nuevas generaciones parecen más afines a otras formas de estado y gobierno. Siguiendo fieles a la verdad, los escándalos que han protagonizado  nuestra familia real no se aceptan y se castigan como en la monarquías europeas (véase como ejemplo los escándalos en la familiar real inglesa o holandesa).

En contraposición, hay que reconocerle a la monarquía que ha sido la forma de estado que más años se ha mantenido en nuestro país. Y puesto que la tradición existe pero no la fidelidad a los descendientes de Felipe V “el Animoso”, será que necesitamos nuevos pretendientes, quizás un regreso al carlismo………vertiente en la que últimamente crecen el número de adeptos?

En conclusión, podemos avanzar que se avecinan cambios y que esperemos que sean los menos perjudiciales  para el país. Parafraseando a Jaime Peñafiel “larga vida al rey”.

A. de la Peña

louis-michel-van-loo-la-familia-de-felipe-v-1743-detalle-museo-del-prado-madrid

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