Gritaron “libertad”. Debieron gritar “fiasco”.

 

Escena de la batalla del puente de Stirling (sin puente)

Escena de la batalla del puente de Stirling (sin puente)

No lo voy a negar, Braveheart ha sido y aún es una de mis películas favoritas. Será porque apela a sentimientos con los que todo el mundo puede empatizar.

Se nos presenta a un héroe y a un pueblo oprimido luchando por la libertad. Querida libertad… ¿cuántos desmanes no se habrán cometido en tu nombre?. Hace tiempo que desconfío del que enarbole con demasiada facilidad palabras como: Democracia, Libertad, Derechos Humanos… pero no voy a entrar en el debate, al menos hoy no jeje. ¡Que se preparen los polemistas!

Dejando a un lado los sentimientos que nos despierta la película, lo rápido que se nos pase el metraje, lo hermoso de los paisajes, lo entretenidos que estemos, etc., vamos a ir a lo que es el tema histórico, que es mayormente a lo que venimos a hacer en “comoosas“.

————————aviso, a partir de aquí la entrada puede contener spoilers————-

Mel Gibson por cierto, suele excusar los fallos históricos de Braveheart diciendo que el argumento de la misma se basaba en la novela de Randall Wallace (por cierto, sin entrada en español en wikipedia ¿?). Para ir por la vida de “corazón valiente” es un poco cobarde.

Para empezar, se nos presenta a Willam Wallace como el hijo de un hombre modesto y con tierras, viviendo en una choza. Bien, nada más lejos de la realidad: William Wallace era hijo de un terrateniente poderoso, de buena familia y al ser un hijo menor, en principio no destinado a heredar las tierras, recibió educación para ocupar un puesto en el clero, algo muy normal en la época entre las mejores familias. Quisieron conmover al público presentando a ingleses y “escoceses patriotas” como lo más opuesto del mundo pero no era así.

Todo el mundo recordará el momento en que Willam Wallace tiene un affaire con la princesa Isabel, interpretada por la guapísima Sophie Marceau. Pues bien, nunca jamás se conocieron, pero es que tampoco pudieron tener oportunidad de enrollarse pues en época de la batalla de Stirling en 1297, la princesa aún estaba en Francia y ¡solo tenía cinco años!

 

Encuentro ficticio entre la princesa Isabel y Wallace

Encuentro ficticio entre la princesa Isabel y Wallace

 

La mayor metedura de pata puede estar en los momentos más épicos de la película. Hablemos de la batalla del PUENTE de Stirling, si, un puente que no sale ni por asomo en la película. No se trata de una cosa trivial ni de un descuido admisible porque fue clave para la victoria escocesa, ya que el puente, que era de madera, se hundió con el peso de la caballería inglesa y aquello supuso un duro golpe en el ejército enemigo. Parece ser que el asesor histórico (sí… había uno) de Mel Gibson se lo advirtió pero éste afirmó que el equipo de rodaje no cabría bien en el puente a lo que el asesor contestó resignado “sí… los ingleses tuvieron el mismo problema”.

En cuanto a estrategias de guerra y armas usadas, al parecer, la conocida espada de Wallace, el claymore, es muy anterior a la época en la que sucedieron los acontecimientos. La conocidísima escena de las lanzas en la batalla de Stirling es también equivocada, pues la estrategia seguida en realidad fue la de schiltron, usando lanzas, sí, pero con los hombres organizados en círculos, adquiriendo el conjunto forma de erizo.

Por cierto, otro punto de desilusión: la indumentaria. La cara pintada de azul y las faldas escocesas, forman parte fundamental de la identidad de Escocia y concretamente de la película Braveheart. Pero no son más que unos engranajes más de la superposición de clichés que se suceden en la cinta.

Mientras que el kilt no se adoptó hasta los siglos XVII-XVIII (en ese caso la película de Rob Roy parece más acertada al menos en este punto), la costumbre de pintar las caras es propia de las tribus pictas que habitaron la actual Escocia, de época pre-cristiana.

Hay quien reclama también el importante papel de Andrew de Moray. ¿Que quién es? bueno, en la película de Gibson no es nadie. En realidad fue quién oranizó la resistencia durante las Guerras de Independencia, ni más ni menos. Claro que si se le omite, el héroe de Wallace parece aún más héroe.

Lamentablemente, el final de Wallace sí parece bastante verídico… torturado y despedazado.

Indudablemente, no se trata de criticar por criticar. Repito, es una de mis películas favoritas. He pasado momentos buenísimos viéndola y la he visto muchíiiisimas veces.

Una película no es un documental. No tiene por qué seguir al pie de la letra la Historia. Pueden tomarse licencias, por supuesto. Pero ¿dónde está el límite?.

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